Y así, casi sin darnos cuenta, pasaron 15 años. El 1 de noviembre de 2010 el Máis Que Auga de Coia abría sus puertas e inauguraba la gran aventura de Máis Que Auga en Vigo. Como os hemos contado muchas veces, fue un día de nervios y emociones para todos y todas —personal y usuarios/as— porque nos enfrentábamos a algo completamente desconocido.
La llegada de Máis Que Auga a la ciudad de Vigo fue todo un acontecimiento. Después de casi dos años de obras, en el mes de septiembre abrimos las inscripciones y la respuesta fue impresionante: en el primer mes ya contábamos con 5.000 personas asociadas y tuvimos que abrir una lista de espera que llegó a alcanzar la cifra de 4.000. A día de hoy, Coia cuenta con 4.614 abonados/as y 2.170 cursillistas, por lo que solo tenemos una palabra: ¡GRACIAS!
Vamos a echar la vista atrás y recordar aquel 1 de noviembre de 2010 de la mano de varios trabajadores y trabajadoras que están desde el primer día. De esa jornada continúan en MQA Coia Lupo Martínez, Flavia Ozinete, Javier Alonso, Nerea Castro, Rosa Reijas y Almudena López, además de Javi Vázquez, que se incorporó unos días después (el 7 de noviembre).
El repaso comienza con Lupo Martínez, ahora director de Coia y en aquel momento técnico de sala. A pesar de ser festivo, con horario reducido y, en teoría, menos asistencia, aquel primer día trabajaron todos. Y que nadie piense que hubo momentos libres, porque no. “Ese día trabajamos todos. Los de sala en sala, los de piscina en piscina, y también hubo actividades en la sala 1. Fue una asistencia brutal de gente”, recuerda Lupo. En su sala había ocho técnicos, y aun así no eran suficientes: “No dábamos abasto. Explicar el funcionamiento de las máquinas, orientar sobre los entrenamientos, mover a la gente que esperaba para usar una máquina… Fue la primera vez que vi a personas haciendo cola para una cinta o una elíptica”. Estaba claro que “MQA era toda una novedad y nadie quiso perderse el primer día”.
Las colas de gente eran impresionantes y era complicado atender a todo el mundo. Rosa, en recepción, asegura que los primeros días fueron agotadores, las sensaciones de los usuarios y usuarias eran muy buenas, “aunque se quejaban de las esperas”. Javi Alonso también recuerda esa cola gigante el día de la apertura, algo absolutamente inusual en un festivo: “Había una cola que daba toda la vuelta a la plaza, una locura… Era algo nuevo en Vigo, que iba a marcar un punto y aparte. Fue un momento muy bonito, pero también muy duro, porque las expectativas eran altísimas y queríamos estar a la altura”.
Almu López entró en el segundo turno y, al ser festivo, no había cursos en la piscina, aunque sí estaba abierta. “Me puse la camiseta y salí a la zona de piscina. Se sentía la emoción de la novedad. Me recordó a la peli del Titanic, cuando la gente embarca y se queda maravillada por su tamaño y sus lujos… Por suerte, nosotros llevamos una trayectoria mucho mejor que aquel barco, jejeje”, bromeó. De ese día recuerda a dos niños que jugaban con su madre en la piscina grande y que “son nietos de un usuario actual que viene por las tardes; cada día nos saludamos cuando nos cruzamos en la piscina o en los pasillos, y siempre me hace acordarme de aquel primer día”.
Almu destaca que “fue un día muy importante a nivel personal y profesional, porque empezaba a formar parte de esta gran familia que es MQA. Hay gente que se ha marchado, han llegado otras personas, pero todas y todos son importantes e inolvidables. Me siento muy afortunada de seguir viviendo esta aventura un año más”.
Al mirar atrás, Nerea Castro lo tiene claro: “Recuerdo la ilusión y la emoción por empezar un proyecto nuevo y tan chulo, la motivación de arrancar con un equipo desde cero para construir algo entre todos, y aquella impactante cola de gente esperando para entrar, ver las instalaciones y apuntarse. Rodeaba el edificio y era una pasada verlo… Había ilusión por parte de todo el mundo, usuarios y personal, y eso fue muy bonito”.
El arranque fue una auténtica locura: la gente se volcó con entusiasmo, pero muchos nunca habían pisado un gimnasio y no sabían qué hacer. El objetivo era claro: mover, atender y cuidar a las personas, como recuerda todo el equipo. Flavia Ozinete y Javi Vázquez nos hablan de la famosa libreta en la que apuntaban todo lo que les parecía destacado para no olvidarlo. Anécdotas hubo muchas: personas que venían con las zapatillas de casa porque se les había dicho que trajesen “calzado cómodo”, o con gorros de ducha en lugar de gorros de piscina.
Pero si en algo coinciden nuestros “supervivientes”, es en lo mejor de todo: el equipo. “Aún hoy, cada vez que estoy con Lupo, Almu, Javi, Rosa, Nerea o Flavia, siempre recordamos alguna historia, algún compañero de aquellos primeros años o las primeras cenas del grupo. Creo que la esencia de esta instalación es el equipo que conseguimos formar y que tratamos de transmitir a las nuevas incorporaciones”, asegura Javi Vázquez.
Y esa esencia sigue muy viva.