HIPOPRESIVOS: OTRA FORMA DE CUIDARSE

25/10/2026

Rosa, Sara y Tito tienen edades, historias y motivos diferentes para acudir a clase, pero comparten algo: han encontrado en los hipopresivos una forma de dedicar tiempo a su bienestar.

 

Esta vez, en Máis que Auga Navia, nos colamos en una clase de hipopresivos. Dejamos las zapatillas a un lado y entramos en una sala con las luces bajas, donde la respiración y el control del cuerpo marcan el ritmo. Aquí no hay grandes movimientos ni ejercicios que llamen la atención desde fuera. El trabajo es más discreto, pero requiere concentración, paciencia y práctica.

 

Y, como ocurre tantas veces cuando nos acercamos a una actividad, detrás de cada persona encontramos una historia diferente.

 

Cuidarse, cada una a su manera

Rosa Somoza tiene 62 años y empezó a practicar hipopresivos hace unos meses, después de que le hablaran bien de esta actividad. Sus problemas de espalda, cadera y riñones la llevaron a buscar alternativas para cuidarse y, aunque todavía es una alumna relativamente nueva, ya nota cambios, especialmente en la respiración y la elasticidad.

 

Eso sí, Rosa no se queda en una sola actividad. También practica natación, pilates y yoga, una combinación con la que procura atender las distintas necesidades de su cuerpo.

 

La historia de Sara Monteagudo, de 37 años, es diferente. Lleva tres años practicando hipopresivos y, desde hace dos, en Máis que Auga. En su caso, llegó a las clases después de una operación de espalda tras la que no tuvo la recuperación esperada. Entre sus objetivos estaba fortalecer el suelo pélvico.

 

«He notado muchísimo los beneficios, en el tema postural y, sobre todo, en el fortalecimiento del suelo pélvico», nos cuenta.

 

Sara acude una vez a la semana, aunque sabe que una segunda sesión también le vendría bien. El problema, como tantas veces, está en encontrar el hueco entre el trabajo y la vida personal. Por eso intenta mantener el contacto con lo aprendido y hacer en casa pequeñas sesiones con algunos de los ejercicios que practican habitualmente en clase.

 

Porque cuidarse también consiste en encontrar la manera de encajar esos ratitos en la rutina.

 

Tito, 84 años y sus agujetas del primer día

Entre las personas que comparten esta clase está Tito Gallego, el único hombre del grupo el día que nos acercamos a conocerlos. Aunque es un veterano de Máis que Auga Navia, en los hipopresivos está prácticamente de estreno. Tiene 84 años y aquella era apenas su segunda sesión.

 

¿Por qué se había animado a probar? Nos lo explica sin rodeos: «Más que nada para mejorar la respiración y tratar de reducir la grasa abdominal».

 

De momento, está en esa fase inicial en la que toca aprender y familiarizarse con los ejercicios. Reconoce que coordinar las respiraciones le resulta difícil, pero la primera clase le dejó un visitante inesperado al día siguiente: ¡tenía agujetas!

 

«Me sorprendió ver que al día siguiente tenía agujetas. Así que algo hice», comenta entre risas.

Tito también bromea con que es el único hombre de la clase y que «no me hablan». Aunque, en realidad, no es precisamente una actividad en la que sobre tiempo para conversar: la atención está puesta en la postura, la respiración y cada pequeño movimiento.

 

Su experiencia nos recuerda que nunca es tarde para probar algo nuevo, aprender y descubrir otras formas de mantenerse activo.

 

¿Qué son los hipopresivos?

El método hipopresivo fue desarrollado en Bélgica por el doctor Marcel Caufriez a finales de los años 70 y principios de los 80. A partir de sus investigaciones sobre la recuperación posparto y la musculatura abdominal y del suelo pélvico, buscó una forma de trabajar estas zonas a través de la postura y la respiración.

 

Los ejercicios hipopresivos combinan distintas posturas con una técnica respiratoria específica, que requiere concentración y aprendizaje. Su objetivo es mejorar el control postural y la coordinación de la musculatura abdominal y del suelo pélvico. No se trata simplemente de meter barriga, sino de aprender a colocar el cuerpo y coordinar la respiración de una manera determinada.

 

En las clases es habitual encontrar personas adultas que quieren mejorar su control postural o trabajar la musculatura del suelo pélvico. Aunque se asocian con frecuencia a la recuperación posparto, los hipopresivos no son una actividad exclusiva de las mujeres y de las madres. También son adecuados para los hombres, ya que pueden ayudarles a trabajar la musculatura abdominal y pélvica, mejorar la postura y aliviar algunas molestias lumbares. Porque cuidar el suelo pélvico no es solo cosa de mujeres.

 

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